
Estás a la mitad del ascenso. El aire es frío, las piernas pesan y todavía falta un buen tramo para llegar a la cima. Lo último que quieres hacer es detenerte, sacar una estufa complicada y ponerte a picar ingredientes. Pero tampoco quieres sobrevivir el resto del día con una barra de granola o una lata de atún fría.
Aquí es donde entra la estrategia de alimentación. Muchos montañistas, desde principiantes hasta expertos, subestiman la importancia de la comida hasta que se sienten sin energía a medio camino. Cargar comida fresca es delicioso, pero pesa. Cargar solo snacks no nutre lo suficiente.
La comida deshidratada es un estándar para quienes buscan eficiencia en el outdoor. Es una solución práctica para un problema real: cómo comer comida de verdad, caliente y nutritiva, sin cargar kilos extra en la espalda.
En este artículo explicaremos a fondo qué es, cómo funciona y, lo más importante, cómo saber si es la opción correcta para tu próxima salida al Iztaccíhuatl, a La Malinche o a ese camping de fin de semana que llevas planeando meses.
Para entender por qué funciona tan bien en la montaña, primero hay que entender qué es. A veces existen mitos sobre si es artificial o si pierde sus propiedades, pero la realidad es mucho más simple.
La deshidratación es uno de los métodos de conservación más antiguos que existen. Básicamente, consiste en extraer el agua de los alimentos mediante calor suave y circulación de aire. Al eliminar la humedad, se detiene el crecimiento de bacterias que descomponen la comida.
Imagina unos chilaquiles o un guisado de pollo. Tienen ingredientes reales: tortilla, salsa, carne, verduras. Al deshidratarlos, lo único que se va es el agua. La estructura del alimento, la fibra, las proteínas y los carbohidratos permanecen ahí. Cuando tú agregas agua caliente en la montaña, el alimento absorbe esa humedad y regresa a su estado original (o muy cercano a él). Es comida real, solo que en pausa, esperando el momento de ser consumida.
El enemigo número uno del montañista es el peso. Cada gramo cuenta cuando vas subiendo metros de desnivel. La comida fresca contiene mucha agua. Una manzana, por ejemplo, es casi 85% agua. Un guisado casero normal también tiene un alto porcentaje de líquido.
Al llevar comida deshidratada, dejas el “peso del agua” en casa y utilizas el agua que ya vas a cargar para beber o la que recolectas en el camino (filtrándola, claro). Esto te permite llevar comidas completas y calóricas que pesan una fracción de lo que pesarían en su estado normal. Además, al no tener agua, no manchan, no se aplastan y ocupan mucho menos volumen en tu mochila.
No todas las salidas requieren el mismo tipo de alimentación. Sin embargo, hay escenarios específicos donde esta opción brilla por su practicidad.
Si vas a subir un volcán o hacer una ruta larga de un solo día, tu tiempo es valioso. Probablemente te levantaste de madrugada y tienes una ventana de tiempo para hacer cumbre y bajar antes de que anochezca o llueva.
En estos casos, no quieres perder 40 minutos cocinando. Necesitas detenerte, comer algo caliente que te reactive, y seguir. La comida deshidratada te permite tener un plato fuerte listo en 10 o 15 minutos, usando solo el agua que herviste para tu café o té. Es eficiencia pura para aprovechar la luz del día.
Si planeas una ruta de varios días, el problema del peso se multiplica. Cargar latas o comida fresca para tres días es inviable para la mayoría. Aquí, la relación calorías-peso es vital. Necesitas alimentos que te den mucha energía con el menor peso posible.
Un paquete de comida deshidratada puede pesar entre 100 y 150 gramos, pero ofrecerte una comida completa. Esto te permite planificar menús variados para varios días sin que tu mochila se convierta en un ancla.
A veces el plan es más relajado: acampar en el bosque con amigos. El problema suele ser la conservación. La carne fresca, los lácteos o los guisados caseros necesitan hieleras. Las hieleras son pesadas y, eventualmente, el hielo se derrite.
La comida deshidratada no necesita frío. Puedes dejarla en tu mochila o en la tienda de campaña sin preocuparte de que se eche a perder. Esto te da seguridad alimentaria, evitando el riesgo de enfermarte del estómago lejos de casa por comer algo que perdió la cadena de frío.
Más allá de la teoría, ¿qué ganas tú como montañista al optar por estas raciones?
Este es el beneficio más tangible. Al quitar el agua, reduces el peso de tu comida hasta en un 60% o más. Si vas a cargar tu equipo de camping, ropa y agua, agradecerás que tu desayuno y comida pesen casi nada. Sentirte ligero te ayuda a moverte más rápido y con menos riesgo de lesiones por fatiga.
Olvídate de picar cebolla en una piedra o lavar ollas llenas de grasa con agua helada del río. La mayoría de las opciones modernas de comida deshidratada están diseñadas para prepararse en un solo paso: agregar agua caliente.
Muchas vienen en bolsas diseñadas para resistir el calor, por lo que ni siquiera ensucias tu olla. Comes directo del paquete, lo cierras y te llevas tu basura sin dejar rastros de grasa o comida en la naturaleza. Es la forma más limpia de operar en el monte.
A diferencia de comer papas fritas o galletas, que te dan un pico de azúcar y luego un bajón, la comida deshidratada bien hecha está balanceada. Al ser comida real, aporta proteínas, grasas y carbohidratos complejos. Esto se traduce en combustible duradero para tus piernas. Sentirás que realmente comiste, lo cual es psicológicamente reconfortante después de horas de esfuerzo físico.
¿Te ha pasado que cancelas una salida por mal clima y la comida que compraste se echa a perder? Con los deshidratados no pasa eso. Tienen una vida útil larga, a menudo de años, si se mantienen cerrados en un lugar fresco. Puedes tener un par de paquetes guardados en tu equipo “por si acaso” o listos para esa salida improvisada donde no te dio tiempo de ir al supermercado.
No toda la comida deshidratada es igual. Si has tenido una mala experiencia antes, probablemente fue por alguno de estos factores.
Esto es algo que los montañistas experimentados saben bien: en la altura, el sentido del gusto cambia y el apetito disminuye. La comida desabrida se vuelve difícil de comer cuando estás a 3,000 metros sobre el nivel del mar.
Necesitas sabores familiares. Un guisado con un toque picante, o un sabor casero mexicano, puede ser la diferencia entre comer con gusto o no comer nada. Evita experimentar con sabores o lugares que no conoces si no estás seguro de que te gustarán cuando estés cansado y con frío.
Lee las instrucciones antes de comprar. Algunas comidas semi-preparadas requieren hervirse en olla durante 20 minutos. Eso consume mucho gas de tu estufa. Si llevas un cartucho pequeño, podrías quedarte sin combustible a la mitad de la cocción. Busca opciones que solo requieran hidratación (reposar en agua caliente) o tiempos de cocción muy breves.
Un paquete que dice “2 porciones” a veces se refiere a dos porciones pequeñas de acompañamiento, no a dos comidas para un adulto que acaba de caminar 15 kilómetros. Revisa el contenido calórico y el peso neto. Para una actividad intensa, busca comidas que te aporten suficiente energía por paquete individual, o considera comer un paquete “doble” si tu desgaste fue mucho.
Esta es la objeción número uno: “Es que se ve poquito polvo en la bolsa”.
Si compras una sopa instantánea de vaso, te dará hambre a la media hora. Eso es porque es puro carbohidrato simple y sodio, sin estructura real. Lo mismo pasa con deshidratados de baja calidad que son puro caldo y fideos. La falta de proteína y grasa hace que la digestión sea rápida y la sensación de saciedad, nula.
La comida deshidratada de calidad recupera su volumen. Esos 100 gramos secos pueden convertirse en 350 o 400 gramos de comida real al hidratarse. Además, el agua caliente ayuda a la digestión y da una sensación térmica de saciedad.
Busca opciones que incluyan proteína (carne, frijoles) y fibra. Estos nutrientes tardan más en digerirse y mantienen el hambre a raya por más tiempo. Si eliges comida real deshidratada, la sensación será la misma que si hubieras comido el platillo fresco.
Para asegurarte de tener una buena experiencia, fíjate en estos puntos clave al leer la etiqueta o ver el producto.
La lista de ingredientes debe leerse como una receta de cocina, no como un experimento químico. Si dice “carne de res”, debe ser carne, no “saborizante artificial a carne”. Si puedes ver trozos identificables de vegetales, carne o granos, es buena señal. La textura es importante para sentir que estás comiendo de verdad.
Fíjate en el peso seco. Una comida principal individual decente suele rondar los 100-120 gramos en seco. Si pesa 30 gramos, es un snack o una sopa ligera, no una comida. Piensa en el rendimiento final una vez hidratado.
En la montaña, la simplicidad es reina. Lo ideal es: calentar agua, vertir en la bolsa, cerrar, esperar, comer. Si requiere pasos complejos, colar agua, o añadir ingredientes extras (que tendrías que cargar aparte como aceite o leche), piénsalo dos veces.
Asegúrate de que el empaque sea apto para agua hirviendo si planeas usar el método de “cocinar en bolsa”. Si no lo es, tendrás que ensuciar tu olla. Ambas opciones son válidas, pero debes saberlo de antemano para planear tu equipo.
Ya tienes tu paquete. Estás en el campamento base o en un descanso del sendero. ¿Cómo aseguras el mejor resultado?
Generalmente, se necesitan entre 200 ml y 400 ml de agua por paquete, dependiendo del platillo. Una regla general es llenar al ras de los alimentos. Si el platillo es caldoso, agrega un poco más.
La altura afecta la temperatura de ebullición del agua. A mayor altura, el agua hierve a menos temperatura, lo que significa que “cocina” o hidrata más lento.
No tienes que comer solo deshidratado. Úsalo estratégicamente.
Al final del día, el objetivo es disfrutar la naturaleza, no sufrir por hambre ni por cargar una mochila que lastima la espalda.
Incluso si eres fanático de cocinar en el fuego, tener un par de comidas deshidratadas es una excelente red de seguridad. Si llueve y no puedes prender fuego, o si llegas agotado y oscuro al campamento, agradecerás tener una cena lista en 10 minutos sin esfuerzo.
En Tente en Pie entendemos que en México comemos diferente. No siempre se antoja sandwich o barrita cuando estás en el Nevado de Toluca. A veces el cuerpo pide sabores nuestros, texturas reales y la certeza de que lo que comes te va a nutrir.
Nuestras opciones están pensadas para ser ese compañero silencioso en tu mochila: no pesan, no estorban, pero cuando las necesitas, están ahí para darte una comida caliente, con sabor a hogar y la energía necesaria para seguir avanzando o para dormir con la barriga llena y el corazón contento.
No. Mientras el empaque esté sellado, puede estar a temperatura ambiente. Evita dejarlo directo bajo el sol intenso por días, pero no necesita hielera.
Depende de la marca y el empaque, pero generalmente dura desde 6 meses hasta varios años. Nuestros Tente en pies tienen un consumo preferente de 2 años y medio. Revisa siempre la fecha de caducidad en el empaque, pero es ideal para tener en tu alacena lista para la aventura.
Es la mejor opción para principiantes. Elimina la complejidad de planear menús, cuidar la cadena de frío y cocinar en condiciones adversas. Solo necesitas saber hervir agua.
La comida deshidratada es una herramienta más en tu equipo de montaña, tan importante como unas buenas botas o una chamarra impermeable. Te permite llegar más lejos, con menos peso y manteniéndote bien alimentado.
La próxima vez que prepares tu mochila, haz la prueba. Deja las latas pesadas en casa y lleva una opción ligera. Tu espalda te lo agradecerá y, cuando estés disfrutando un plato caliente viendo el atardecer en la montaña, tu estómago también.
Si quieres probar opciones con sabores reales y pensadas para montañistas como tú, explora lo que Tente en Pie tiene para ofrecerte.